De La Vanguardia en paper:
¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
En realidad,
hace sólo tres años el PSC se oponía al tranvía en la Diagonal y era CiU quien lo defendía La idea de hacer una consulta ciudadana fue la contrapartida impuesta por ERC a su apoyo a la reforma
JAUME V. AROCA - Barcelona
Debilidad política, mala suerte o tal vez la incapacidad de darse cuenta de que las circunstancias han cambiado radicalmente y que ya nadie está para chanzas. Todos estos elementos conjugados pueden haber colocado a Jordi Hereu en una situación política inédita. Ni el Fòrum de Joan Clos ha sido tan vorazmente letal para un alcalde de Barcelona como la consulta de la Diagonal que se ha celebrado esta semana y de la que hoy se conocerá el veredicto ciudadano.
Aunque lo cierto es que n
o se puede atribuir a Jordi Hereu la autoridad intelectual de la idea de poner un tranvía en la Diagonal, ni tan siquiera de convocar a los ciudadanos a una consulta para decidir cómo hacerlo.
Hace sólo tres años, los socialistas de Barcelona todavía rechazaban el tranvía en la Diagonal y no creían que fuera posible convertir la avenida en un agradable bulevar. En realidad,
fue el último gobierno de CiU en la Generalitat el que defendió por primera vez que era posible atravesar la ciudad en tranvía.
Bien es cierto que, a partir del 2007, con Hereu ya sentado en la alcaldía, la disposición del PSC cambió. Los ingenieros municipales, que hasta aquel momento habían jurado en arameo que era inviable sacar el tráfico del centro y dejar paso al tranvía, cambiaron de opinión. Hay quien atribuye ese giro a Alfred Morales, hoy presidente de la empresa municipal BSM y padre teórico de la movilidad de Barcelona.
A las múltiples paternidades de aquella decisión cabe sumar la discreta pero feroz presión empresarial que desde siempre ha ejercido Tram, la compañía de los tranvías, y también la influencia del no menos insistente conglomerado de grupos ecologistas y contrarios a la omnipresencia del coche en las calles, que ganaron enteros en la alianza de ICV y PSC para gobernar la ciudad en este mandato.
Lo cierto es que a finales del verano del 2008 Hereu anunció el giro histórico. Sí, era viable el tranvía y sí, era posible despejar el 70% del tráfico del tramo central de la avenida más transitada de la ciudad. Hereu había encontrado su particular proyecto estrella. Como Clos o Maragall tuvieron el suyo.
ERC, el socio decisivo en la sombra del gobierno en minoría, añadió la otra parte del combinado letal. En el pleno de setiembre del 2008 lanzó la propuesta de llamar a los ciudadanos a un referéndum sobre este proyecto. Hereu, con el apoyo de todos los grupos sin excepción, aceptó. Y ahí nació la consulta de la Diagonal.
En la decisión de convocarla seguramente había el poso de la desobediencia cívica que había dejado en la sociedad catalana el amargo debate del Estatut. Barcelona iba a abordar la "pacificación" del centro como lo hacían desde hace veinte o treinta años otras muchas ciudades europeas, aunque, es verdad, muy pocas españolas Pero lo iba a hacer a su manera, con una consulta moderna, modélica y civil. Sin permisos del Estado, al amparo de la Carta Municipal, con sus propias reglas, dando la voz a todos los ciudadanos, los vecinos del Eixample pero también los de Nou Barris, incluidos los inmigrantes.
Ahora el PSC deberá evaluar si no calculó mal sus fuerzas al poner el futuro de la avenida más señorial en manos de toda la ciudadanía de Barcelona.
La voluntad innovadora de la consulta iba a tener, además, su correlato tecnológico en las dos empresas contratadas para el evento. Dos competidoras en el mercado de la democracia electrónica, Indra, un líder tecnológico con matriz en Madrid y sede en el 22@, junto a Scytl, un spin off local con el sello de la Universitat Politècnica. Ambas, unidas en una experiencia que, de haber salido bien, podrían haber vendido al mundo con el sello del prestigio urbano de Barcelona. El Ayuntamiento convertido en el animador de la nueva economía. Un anuncio impagable.
En el fondo, esta consulta ha sido uno de los proyectos políticos más arriesgados que ha puesto en marcha un alcalde de Barcelona. Tal vez esto explica la beligerancia con la que los socialistas han dirigido esta campaña y el compromiso de Hereu hasta convertirlo en una especie de plebiscito. Lo más asombroso de la historia es que, al final, fallos en apariencia intrascendentes han sido decisivos.
Un aplicativo descargado inoportunamente - que debió haberse sincronizado la noche antes-dejó al alcalde descolocado ante la pantalla de votación a primera hora del lunes. Luego vino el engaño grabado por las cámaras. Sus declaraciones ocultando la verdad. Y un día más tarde, el reconocimiento de la treta.
Los más críticos con Hereu, incluso dentro de su propio partido, llaman la atención desde hace tiempo sobre la debilidad del equipo del que se ha rodeado el alcalde. Y lo ocurrido en la votación fallida del lunes refuerza esta crítica: ¿Quién aconsejó mal a Hereu? ¿Quién era el tipo que le sugirió hacer ver que había votado? No era nadie de su equipo personal, era un técnico de Scytl, según el Ayuntamiento. Entonces ¿por qué le hizo caso?
El incidente tuvo un efecto expansivo que ha planeado sobre el desarrollo de la consulta hasta el último minuto. Y ahí también ha tenido un papel clave la mala suerte que, sumado a los fallos de un sistema electoral que primó la participación en este festín democrático antes que la seguridad del voto, han acabado poniendo en un brete toda la iniciativa. Buena parte de los aliados estratégicos y políticos que apoyaron la consulta y la reforma se han echado atrás. A un año de las elecciones, la consulta ha roto muchos puentes entre la alcaldía y la ciudad.
Los barceloneses hace ya un año que no están para fiestas. A la espera de conocer esta misma mañana los resultados, no es descabellado pensar que haya ganado la opción C. LaCde crisis. Tal vez Zapatero, cuando anunció sus graves medidas económicas esta semana, ha acabado de apuntalar esa mayoría rebelde. Hereu no ha sabido percibir a tiempo los cambios y ha puesto la mejilla en el peor de los momentos.
El inductor de la treta del alcalde en la votación es un técnico de Scytl, una de las empresas contratadas.
En la decisión de convocarla seguramente había el poso de la desobediencia cívica que había dejado en la sociedad catalana el amargo debate del Estatut. Barcelona iba a abordar la "pacificación" del centro como lo hacían desde hace veinte o treinta años otras muchas ciudades europeas, aunque, es verdad, muy pocas españolas Pero lo iba a hacer a su manera, con una consulta moderna, modélica y civil. Sin permisos del Estado, al amparo de la Carta Municipal, con sus propias reglas, dando la voz a todos los ciudadanos, los vecinos del Eixample pero también los de Nou Barris, incluidos los inmigrantes.
Ahora el PSC deberá evaluar si no calculó mal sus fuerzas al poner el futuro de la avenida más señorial en manos de toda la ciudadanía de Barcelona.
La voluntad innovadora de la consulta iba a tener, además, su correlato tecnológico en las dos empresas contratadas para el evento. Dos competidoras en el mercado de la democracia electrónica, Indra, un líder tecnológico con matriz en Madrid y sede en el 22@, junto a Scytl, un spin off local con el sello de la Universitat Politècnica. Ambas, unidas en una experiencia que, de haber salido bien, podrían haber vendido al mundo con el sello del prestigio urbano de Barcelona. El Ayuntamiento convertido en el animador de la nueva economía. Un anuncio impagable.
En el fondo, esta consulta ha sido uno de los proyectos políticos más arriesgados que ha puesto en marcha un alcalde de Barcelona. Tal vez esto explica la beligerancia con la que los socialistas han dirigido esta campaña y el compromiso de Hereu hasta convertirlo en una especie de plebiscito. Lo más asombroso de la historia es que, al final, fallos en apariencia intrascendentes han sido decisivos. Un aplicativo descargado inoportunamente - que debió haberse sincronizado la noche antes-dejó al alcalde descolocado ante la pantalla de votación a primera hora del lunes. Luego vino el engaño grabado por las cámaras. Sus declaraciones ocultando la verdad. Y un día más tarde, el reconocimiento de la treta.
Los más críticos con Hereu, incluso dentro de su propio partido, llaman la atención desde hace tiempo sobre la debilidad del equipo del que se ha rodeado el alcalde. Y lo ocurrido en la votación fallida del lunes refuerza esta crítica: ¿Quién aconsejó mal a Hereu? ¿Quién era el tipo que le sugirió hacer ver que había votado? No era nadie de su equipo personal, era un técnico de Scytl, según el Ayuntamiento. Entonces ¿por qué le hizo caso?
El incidente tuvo un efecto expansivo que ha planeado sobre el desarrollo de la consulta hasta el último minuto. Y ahí también ha tenido un papel clave la mala suerte que, sumado a los fallos de un sistema electoral que primó la participación en este festín democrático antes que la seguridad del voto, han acabado poniendo en un brete toda la iniciativa. Buena parte de los aliados estratégicos y políticos que apoyaron la consulta y la reforma se han echado atrás. A un año de las elecciones, la consulta ha roto muchos puentes entre la alcaldía y la ciudad.
Los barceloneses hace ya un año que no están para fiestas. A la espera de conocer esta misma mañana los resultados, no es descabellado pensar que haya ganado la opción C. LaCde crisis. Tal vez Zapatero, cuando anunció sus graves medidas económicas esta semana, ha acabado de apuntalar esa mayoría rebelde. Hereu no ha sabido percibir a tiempo los cambios y ha puesto la mejilla en el peor de los momentos.
El metro no provoca efectos secundarios
Lluís Permanyer
Una consulta ciudadana tan abierta y planteada en estos términos está destinada a crear confusión.
Es obvio que la Diagonal tiene problemas graves: se ha permitido sospechosamente a lo largo de los últimos decenios que se degradara hasta extremos intolerables. Por ejemplo, se ha expulsado de los paseos a los sufridos viandantes con la introducción de una serie de obstáculos: el parterre (sólo sirve para que los dueños paseen allí a sus perros, pese a estar prohibido, ya que así les evita tener que recoger los excrementos), carriles bici, aparcamiento de motos, quioscos y ahora columnas de anuncios municipales. Era evidente que en paseos tan angostos no hay sitio para tantas cosas, ni metidas con calzador.
Esa degradación se ha convertido así en la excusa perfecta que justifique una remodelación inaplazable, pese a un enorme dispendio injustificado en tiempos de crisis. Y todo parece indicar que ésta ha de incorporar inexcusablemente el tranvía.
Yo no estoy en contra del tranvía; yo estoy a favor del metro. Es más caro, pero no provoca efectos secundarios, que en el caso del tranvía habría que cuantificar: "detalle" que se aplican en ignorar. Se me antoja una violencia estética grave embutir el tranvía en un sector tan noble y sensible. Y será una obra irreversible.
A tenor de declaraciones habidas en los últimos días (Ministerio de Fomento y ex alcalde Joan Clos), parece que no es utópica la solución del túnel por debajo de la avenida Diagonal, sino todo lo contrario. Así pues, ¿en qué opción debe ser vinculada ésta a la hora de votar? Se confirma, por añadidura, que el tema es demasiado complejo para que pueda ser reducido a dos opciones. Una consulta ciudadana tan abierta y encima planteada en estos términos está destinada a crear confusión y resultados imprevisibles.
En los bocetos no aparecen nunca esos crecientes aparcamientos de motos, que restarán considerable espacio a los paseos. Todo parece indicar que el Ayuntamiento no tendrá más remedio que concentrarlas todas en otros aparcamientos, ignoro si subterráneos y dónde. En cualquier caso el tema no se comenta; ¿será para evitar que el voto motorista sea negativo (el C)?
El problema de los árboles no es precisamente menor, y puede desencadenar una campaña. Me duele que precisamente ahora aseguren que no gozan de buena salud, para así justificar la eliminación; habrá, en todo caso, que achacarlo a la impasibilidad exhibida en los últimos decenios, ya sea por falta de cuidados yde las replantaciones pertinentes.
👍0👎0